Navarra entró al agua con energía y lo dejó claro desde el primer cuarto (1-6): defensa intensa, apoyos constantes y decisiones
sencillas en ataque. En el segundo cuarto (2-4) el equipo mantuvo el paso, sin prisa y sin regalar nada, sumando acciones bien
terminadas. Tras el descanso, el tercer cuarto (1-3) fue un tramo de oficio: control, paciencia y foco en el compañero. Y en el último
cuarto (1-4) llegó el cierre serio, de esos que enseñan a competir: seguir jugando bien cuando el partido ya está encaminado.
Una victoria que refuerza hábitos y deja buenas sensaciones.
Idea para el grupo: la mejora no va de hacer “una jugada perfecta”, va de repetir lo correcto muchas veces seguidas.