Navarra arrancó con una primera manga muy viva (6-2), de esas en las que se nota la ambición: ritmo alto, buenas ayudas y decisiones claras.
El segundo cuarto fue el más “trabajado” (1-2), con menos fluidez, pero el equipo no perdió la compostura: siguió defendiendo con seriedad y
sosteniendo el partido desde la cabeza. Tras el descanso llegó el golpe bonito (5-0): intensidad, compañerismo y una sensación de “vamos todos
a una”. Y el último cuarto (3-0) fue un cierre maduro, sin prisas, cuidando los detalles. Victoria que suma, sí, pero sobre todo victoria que
enseña: jugar bien también es saber cuándo tocar, cuándo apretar y cuándo respirar.
Momento WPN: el 5-0 del tercer cuarto, cuando el equipo convirtió el esfuerzo en confianza y el partido cambió de temperatura.